Jardín de infantes; preparando el ingreso

Sin duda que los jardines de infantes son una alternativa indispensable en una época en que la mujer se ha incorporado plenamente a la sociedad como trabajadora fuera de casa.

Según los países y las costumbres, los jardines de infantes cubren edades que van desde los 120 días de nacido hasta los cuatro o cinco años de edad.

Pero antes de decidirse por registrar a su hijo en uno de ellos –algunos son simplemente casas de educadores licenciados-, deberá realizarle algunos análisis imprescindibles de orden psicomotor, oftalmológico y otorrino, entre otros. Aunque aconsejamos que consulte el tema con su pediatra, nos permitiremos adelantar algunas advertencias generales.

Hasta los dos años de edad, serán suficientes los exámenes de Índice de Masa Corporal tradicionales con vistas a detectar desviaciones del mismo. Habilidades como el caminar, la identificación de imágenes, la superposición de objetos y la asociación de al menos dos palabras deberán constatarse también.

Un año después, el crío deberá decir su propio nombre, hacer uso del “yo”, identificar colores y decir frases de tres o más palabras. También deberá comer solo y subir escaleras mediante la alternancia de los pies. La dentadura de leche deberá revisarse por un odontólogo en busca de caries u otras variaciones.

Los problemas de vista deberán detectarse desde los tres años, aun cuando no resulten molestos explícitamente. Si en la familia hay historia de estrabismo, o el niño presenta ciertos síntomas como apatía por las actividades visuales, dolores de cabeza o lagrimeo, las investigaciones deberán ser aún más minuciosas.

A los cuatro años de edad debe medirse la tensión arterial del niño, así como efectuarse análisis de orina para detectar proteínas. El crío podrá desnudarse solo, saltar hacia delante y mantenerse en un pie por varios segundos. En cuanto al lenguaje, utilizará artículos y frases claras y bien construidas.